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La lenta muerte del pase de temporada

La lenta muerte del pase de temporada

La lenta muerte del pase de temporada

No sé si habéis jugado mucho a Battlefield, a cualquier de las últimas tres o cuatro entregas. Si lo habéis hecho, os habréis dado cuenta de que os costaba elegir servidor a mitad de año tras el lanzamiento del primer contenido adicional; que había partidas a las que no podíais acceder. Es cierto que esto -menos mal- no pasa en el ultimísimo Battlefield V, pero llegó a ser una tendencia dolorosamente cruel para muchos que compraban ilusionados un juego que, a los pocos meses, pedía más billetes para no perder el tren ni de la progresión, ni del propio juego en sí.

Siempre he pensado que pocas cosas más injustas hay en este modo de entretenimiento que los dichosos pases de temporada en títulos online: “Compra ahora y a ciegas este contenido que todavía no te he detallado si quieres jugar hasta el final a ese juego que te tiene loco perdido de hype porque, si no lo haces, no podrás disfrutar de la experiencia completa”. Terrible. Sabes de antemano que vas a tener que acabar pagando 100 € o 120 € en algo que te gusta e ilusiona porque, de lo contrario, será como tirar las horas dedicadas a ese juego hasta ese momento casi a la basura.

Por suerte ya no estamos en ese punto, porque la industria del videojuego ha cambiado por completo. Podríamos darle las gracias a Fortnite -o tal vez no- y su aparente gratuidad que ha terminado por desbordar las arcas de Epic Games. Pero lo cierto es que este fenómeno ha contribuido notablemente a que el modelo de negocio dé un giro de 180º que, en la mayoría de casos, beneficia al usuario. Y si no, que se lo pregunten a Activision, que con su recientemente anunciado Call of Duty: Modern Warfare renuncia al otrora sempiterno pase de temporada.

Que esto ocurra en compañías de la talla de Activision y EA responde a varias situaciones que han dejado de ser ajenas para la mayoría. La primera de ellas es que la fidelidad del usuario y su entrega diaria a su juego de cabecera puede explotarse sin el chantaje que supone el excluirle de las novedades jugables que están por llegar. La segunda, en relación con la primera, es que el mismo usuario es capaz de seguir invirtiendo en diversión en una misma propuesta si todo lo que se va añadiendo la mejora, enriquece y alarga.

No es que el cambio de modelo haya provocado un menor desembolso del usuario en todos los casos, pues habrá quien se deje ingentes cantidades de dinero en la dichosa personalización del monigote. Pero en situaciones como las de Battlefield o Call of Duty ahora sí se puede elegir si dejarse llevar -o no- por el “brilli brilli” sin para ello perderse uno todos los mapas, armas y modos nuevos. No se margina al jugador. Y sí, con eso, ganamos todos.